Vacaciones ¿duelo de titanes o renovación conyugal?

En el día a día, el tiempo apremia. Largas jornadas laborales, los hijos demandan atención, el hogar requiere de cuidado… queremos y necesitamos espacio para las necesidades personales.


Vacaciones en pareja

En el día a día, el tiempo apremia. Largas jornadas laborales, los hijos demandan atención, el hogar requiere de cuidado… queremos y necesitamos espacio para las necesidades personales.

Los breves encuentros de pareja al final del día, mejor serían si fueran para compartir vivencias y experiencias desde la conciencia emocional, pero las pocas horas que quedan para pasar juntos, son como reguladas por un reloj espacio-temporal, donde el caos provocado por la rutina, regula la relación de pareja en forma de “evasión” de esas otras realidades que realmente sí importan.

 Los breves encuentros de pareja al final del día, mejor serían si fueran para compartir vivencias y experiencias desde la conciencia emocional.

Esta forma de vida, a medio y largo plazo, puede pasar factura a la relación. Si esto ocurriera, la pasión y la ilusión se van desvaneciendo disfrazadas en un discreto silencio.  El equilibrio entre el dar y el tomar de cada uno en su rol de pareja, puede desequilibrar la balanza y la vida conyugal se puede ir  convirtiendo  en un tira y afloja, en un toma y daca, donde el pulso por el poder a través de  una comunicación invalidante va tomando cuerpo.

Vacaciones en pareja
Vacaciones en pareja

Recuerdo una pareja en consulta con este tipo de discurso, en el que el único momento del día que tenían para estar juntos, la comunicación se convertía en una constante crítica al otro, de tal forma que la autoestima de cada uno de ellos luchaba por sobrevivir ante tal duelo de titanes.

El vacío y la desconexión del uno con el otro en el día a día, era el motor regulador de sus emociones y sentimientos maritales sin que ellos se dieran cuenta.  Pero lo peor venía en las épocas de vacaciones,  en vez de vivirlas como un momento de volver a reencontrarse,  ninguno de los dos  reconocía  a la persona de quien se enamoró, sino que había más bien, sentimientos de rechazo.

Cómo evitar que las vacaciones sean un duelo de titanes

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